sábado, 1 de marzo de 2008

DanzAnDo sobRe el AcAntiLadO


Danzando sobre el acantilado
el ocaso era enorme:
-lo veía venir-.

Su caída era casi perfecta.

Rozando mis talones
lo incierto jugaba,
con tus sueños,
con mis sueños,
con el fatum glorioso
que yo siempre había querido;
me daba en cambio
“momento”,
eso era todo,
un terrible momento que pasaría.

Miraba abajo y…volvía la vista arriba.

Estaba escapando, bien decías,
escapaba del miedo a encontrarme,
escapaba de tu juicio,
de tu muda mirada,
escapaba de toda opinión.

“No abras los ojos,
el ocaso es enorme,
lo veo venir…,
viene a mí y yo danzo,
danzo sabiendo que,
por lo menos,
"...Mi caída será perfecta…”

¿Por qué has abierto los ojos?,
ante ti aparezco ahora
desnuda y asolada de dudas,
¿deseas salvarme a mí de un ocaso tan merecido?.

Quizás no sea tan tarde para saltar tan lejos,
en tu pupila me reflejo en tu reflejo:
-no soy fría-;
tú eres el sentido que ha venido
aún a pesar de que esta noche llueve
y de que he llegado tarde.

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