Querido amigo, he entablado contigo una amistad que va más allá de un mero intercambio de palabras, pues a ti te he dejado ver, como si fueran tuyos, mis sentimientos más profundos y más íntimos.
Querido, ¡absolutamente querido!, la vida en sí misma se atañe únicamente al valor que yo le concedo, ni más, ni acaso menos; únicamente al valor que yo, ya sea por sabiduría o por capricho, quiero darle. Soy dueña de mi vida, por lo menos de parte de ella en realidad, de la parte más importante al fin y al cabo: de mi mundo cognitivo, de mi mundo del pensamiento, de mis emociones, de mis metas...
¿La vida es deber, es compasión, es egoísmo?, ¿qué es la vida?, ¿soy yo?, ¿escribirte acaso?, ¿la vida no sería algo así como conseguir un sueño?, ¿hacer un mundo más justo?, ¿la vida acaso no sería amar...?.
Intento, aunque no puedo, hacer que la escritura diga tantas cosas...