Un momento
vale por lo que deja.
Por eso
lléname de momentos,
para que no me falte
con qué recordar
con qué añorar
algo que amé.
Si algún día
me perdiese
y no supiese por dónde ir,
podría sentir
mis sentimientos de entonces
tan por encima de cualquier cosa.
No me niegues los momentos.
Me referiré a ellos
cuando la vida
ya no me dé más;
diré:
"yo un día sentí eso
pasé por eso
estuve ahí".
Qué fácil sería
tener momentos para entonces
a resguardo.
Conservar el ayer
sin sufrir ni temer
quedarme sin nada.
viernes, 26 de marzo de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
PenSamIenTo peQueÑo

Hasta el niño más pequeño piensa.
Se podría decir que tiene un "pensamiento pequeño", porque todo en él tiene que crecer todavía, todo está "encogido" potencialmente en su ser, a la espera.
Por eso llamo a su pensamiento "pensamiento pequeño".
Pero no desaprovechemos su significado.
Hoy he estado intentando razonar algo que parace muy lógico, pero que no lo es en absoluto. Y me cuesta explicarlo con claridad por ese motivo.
¿Por qué tenemos la idea clavada en nuestra cabeza, de que cuánto más cosas aprendamos, más conoceremos y entenderemos el mundo?.
Es una pregunta alocada, pero yo la he soltado al viento a ver qué pasa.
Pensándolo bien, el hecho de aprender siempre más y más cosas no nos sitúa en un plano cognoscitivo superior.
El aprender es un proceso (llámesele también MEDIO) que nos ayuda a ver la relación que existe en el mundo. Nos ayuda a ver con más claridad cosas que ya sabemos.
A mí por ejemplo me gustan los idiomas, las culturas en general. Pero el hecho de aprender nuevas palabras, nuevas costumbres, etc, no me va a llevar hacia un conocimiento superior. Sí, sé más, pero el conocimiento último que saco yo de toda esa nueva información, es el de que el ser humano es un ser social, cultural, animal, espiritual, etc etc...
Puedo aprenderme también las sustancias químicas que gobiernan la naturaleza, y sus leyes. Pero a lo que me va a llevar en última instancia es al comocimiento último de que todo está regido y que cada cosa tiene su lugar en el mundo.
Puedo adentrarme en las distintas y riquísimas religiones; conocerlas y practicarlas. Pero si Dios no está presente en mi corazón desde el principio, no lo encontraré en las afueras.
Puedo estudiar las estrellas y pensar que conociéndolas estaré más cerca de responder a la pregunta básica ¿de dónde viene todo lo que existe?. Pero por muchos años luz que viaje mentalmente nunca podremos llegar al principio de "la cadena".
Por eso digo, ¡no devaloricemos el pensamiento pequeño! pues es el pensamiento último de las cosas.
Todo el demás conocimiento es solamente un medio para razonarnos a nosotros mismos.
Si nos escuchamos y escuchamos al mundo, estamos "practicando" el pensamiento pequeño. Sí, ése que portan tan naturalmente los niños.
Cuando ellos ven una flor, se admiran de su belleza y gustan de su olor. En cambio a nosotros nos ha dado por estudiar su crecimiento. ¿Y a qué nos lleva todo el conocimiento adquirido después del estudio? a la maravilla, a la perfección de su existencia, tan simple y definida y convertida en una cosa llamada flor.
Llegamos a lo mismo.
Me cuesta, pero lo intento, volver a tener un "pensamiento pequeño".
martes, 9 de marzo de 2010
HacIa AhÍ

Parándome a pensar en la tarde terminada, casi casi que siento haber pasado ya los minutos venideros con las prisas. Sólo que aún no han pasado.
Es lo que ocurre cuando uno se acostumbra a ver volar los momentos sin haberlos tocado tan siquiera.
Pero yo considero una obligación pararme de vez en cuando. Ya no para congelar los minutos a los que casi no tengo acceso, sino para hacerme más consciente de su pasar por mí, y de mi pasar por ellos.
Hacia ahí.
Es por lo que he dejado retumbar al mundo en mis oídos. Deseosa de escucharlo.
Y sin embargo muchas veces no consigo oír nada, y el sentido se desvanece.
Entonces sólo alcanzo a escuchar la misma confusión nebulosa de puntos grises salpicando la pantalla. Y no veo imagen alguna ahí afuera, ni las canciones me parecen humanas. Ni yo misma, siendo yo misma, me parezco a quien soy realmente.
A veces necesito un apoyo. Un pequeño escalón para que me dé la zancada.
Porque muchas veces el problema está en mí y en mi oído.
Me tapono las lógicas, las emociones salvadoras me parecen ridículas de repente, y me empiezo a preguntar demasiado para las respuestas que tengo.
Por eso es bueno invitar al mundo a pasar de ahí hacia aquí, a nosotros.
Pasamos ya de por sí muchos momentos yendo a él y ni siquiera lo percibimos, valoramos la interrelación.
Yo lo dejo entrar en mí, cerrando los ojos, misteriosamente olvidada lo recibo. Preciso estar vacía para poder llenarme de él. Dejar a un lado mis impresiones y volverme blanca, una dulce pintura sin color, una apetitosa hoja nueva con todo por contener.
sábado, 6 de marzo de 2010
ArdOr

Salpicando esta inocencia
ya no hay más decencias vírgenes.
Hoy me alcanzó el rubor
del calor, encendió un ardor
que me bajaba hasta el fondo de mí
hasta mí.
Yo lo he visto tal cual es,
al engranatarse mis labios oscuramente
como en un mordisco.
Es calmo este gozo
porque en él no hay engaño.
Me derramo mil veces
a la marea.
Soy un contínuo de sensaciones atrapadas,
y me devengo.
jueves, 4 de marzo de 2010
CóMo
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