viernes, 13 de noviembre de 2009

uNa peQueÑa maNchA en eL pApeL

Este es un comienzo lento. Porque lentamente es como me siento.

Discurriría más rápidamente, al menos más ligeramente si imitase a la lluvia de esta tarde. A la lluvia de ayer. La lluvia venidera, que no la primera, ni la última acaso.

Sólo decir unas pocas palabras, sin ponerlas encima de los demás oídos, espontáneamente, inocentemente comenzarán así las que yo quiero decir.


-No me mires y me digas que me conoces. No me digas más veces que me harás feliz-.

Pondría un dedo sobre tus labios encantadores, si no fuera porque ya no me tengo a mí misma:-ni mis dos dedos más pequeños siguen todavía conmigo, los he perdido, vagabundeante, ilusoria como me encuentro.

Pero pondría un dedo sobre tus labios ahora mismo, si pudiera, para que guardases esas frases tan bonitas para otra. Para otra.

Porque, ¿quién posee las felicidades, esas verdades prometidas?.
¿Quién se atreve siquiera a prometer el cielo, cuando la vida viene sola y sus añadiduras son espontáneas?.

-No me mires y me digas que me conoces. No me digas más veces que me harás feliz-.

Porque mi felicidad se me asemeja compleja, todavía toma direcciones desconocidas.

Y no,
no sé a dónde estoy yendo...

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