Siempre habrá tiempo para jugar
engalanando gloriosos los momentos
tales como tus rodillas encorvadas
rodeadas
por mis muslos tensados sobremanera.
Quedémonos sopesando este placer,
ahora que es sorpresivo
y anestesiante de los dolores,
quién controla los amores
-no sabe nadie-
de qué manera gozar el valle
si no es atacando
-entrando y sudando-
los propios ardores.
Quemamos el gusto
de un buen sexo emocional
-que no carnal-
siendo como son
más picantes los dulzores imaginarios
que catalogamos como
"pendientes de verificación".
Yo digo amor
-del bueno, del escaso,
me refiero al culmen
al orgasmo del bienestar completo,
siendo uno el otro
y otro el uno,
ese suceso irrepetible
por su peso,
creador de besos e ilusiones
de poemas, de canciones,
causa primera de la vida
-razón última-.
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