La punta de mi lengua
se ha perdido
por impaciente
en tu extensión
-creciente-.
Y es verano
el calor trastoca los andares
más animales,
menos humanos.
Dirigidos por impulsos
somos otros dos
-uno solo-
golpeándonos las piernas
llamamos al grito placentero
quedándonos voluntariamente desquiciados;
-queriendo más-
nos decimos
palabras malsonantes
a nuestros excitables oídos desbordados.
Nos invade un ardor
y un desconcierto,
-un sentimiento todavía más fuerte-
poderoso,
por juntar tus aguas y las mías
anchean poco a poco
las orillas
impulsadas por un torrente
de necesidades prohibitivas.
Quién viera tus ojos
ahora mismo
tan perdidos
mirando al cielo
de mis senos endurecidos
por el peso de tu cuerpo
sobre mi cuerpo.
Volveremos el uno al otro
mil veces
empujaremos este ansia
como si fuese la primera vez,
con las mismas ilusiones del primer día
y los primeros besos.
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