Tú, que me conoces,
no te diría
-y lo sabes-
poco más de media palabra
si no fuera verdad lo que dijera.
Yo te comiera
yo te amara como nunca
-yo te quisiera
de lo bueno, lo mejor-,
tú, que me conoces,
porque me has vuelto un poco de ti
y en ti me veo,
tengo miedo
que llegue el día
-o la noche-
en que una de las dos
se vaya al perder el miedo.
Yo te durmiera
te sumergiera en los sueños más placenteros
si no fuera porque quiero verte
poder tenerte cerca mía
cada día,
poder aprenderte nuevamente
y nuevamente.
Tú, que me conoces
siempre rondando
-y no desisto-,
aún no he visto
la manera
de quererte
a tu manera:
-a dos metros de distancia-,
vuelvo atrás
mis pasos adelantados
mis palabras añadidas
al silencio que destilan
tus caricias nunca dadas
que se crecen en mi cabeza,
quién pudiera
tocar tu alma
entender la calma
de tu querer separado por dos metros.
Yo te tuviera
presente en cada poesía,
en cada día bueno que tuviera
fueras tú
y siempre has sido
una hermana,
quién te abrazara
como nadie pudiera,
tenerte
poder decirte:
-me llevas,
velando tus sueños,
la mitad de mí.
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