
Bailarinas, mis lágrimas,
no van de rosa.
Es un compás mas lento
el que las mueve.
Es un sentir uniformado y discreto,
un no querer llamar la atención,
una música sin ritmo
que no puede ser cantada.
Bailarinas, mis lágrimas,
se escurren en un disimulo bien logrado,
casi son un aparte entre el baile y el que bailarín
casi parecen una exinción entre el llanto y la emoción.
Una tristeza, de bien encubierta,
las hace parecer melancolía.
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