
El uno acaricia contínuamente en círculo cerrado
porque quiere amar repetidamente la misma masa de aire oscuro,
conocerla en su intimidad
regodearse en su lentitud, en su paso,
seguir existiendo de esa manera,
que nada pueda perturbarlo.
El uno es un conocerdor nato
pero sólo de lo suyo,
lo demás no lo conoce,
y se fuerza a quedarse quieto
como si muerto o dormido
como sabio de poco que no quiere ser descubierto.
El uno cree sólo en lo suyo
-eso lo hacemos todos-
pero el uno es siempre el que es
y no cambia
y no se transforma,
¿cómo va a conocer cualquier masa si no la compara?
¿cómo va a querer si no se replantea
el cambio de presiones, de alturas, de temperaturas?.
El uno está equivocado,
no durará mucho
porque el mundo no lo quiere,
ya hoy, más que nunca,
a todos nos exiguen un mínimo de pieles para ir mudando.
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