
Intento hacerle el amor a la vida.
Encorvarla.
Alzarla tensante hasta el delirio.
Que me quiera, y poder prolongarme.
Porque ninguno nos debemos a nosotros mismos. Ninguno nos continuamos en nosotros.
Somos el resultado milagroso de multitud de sucesos que no podemos explicar. Y en cada día, Dios nos enseña algo nuevo. Si estamos dispuestos a escuchar.
Debemos ser autodidactas.
Debemos sorber educadamente el mundo a través de nuestros ojos, que nuestra piel lo chupe, y respirarlo, aprehenderlo y hacernos uno con él.
Algo así como hacerle el amor.
Cuando nuestras manos se vuelven pequeñas para corresponder un sentimiento tan grande.
Cuando dejamos de pensar, y nos cedemos a la otra parte, y todo lo que de nosotros fluye, pertenece a lo más íntimo de nuestro ser.
Así estamos hechos para ser uno con la vida.
Si nos apretamos las carnes, nos lastimamos o gritamos del gozo.
Si nos apretamos el alma, se nos desciende una lágrima o se nos vuela una sonrisa.
Estamos hechos para seguir. No importa de donde venimos, ni a donde llegaremos. Lo importante es qué hacemos durante nuestro camino. Cómo lo vivimos. En cada día, en cada momento, qué es lo que aprendemos. Quienes somos.
2 comentarios:
Qué bonito lo que dices y cuánta razón hay en ello.
Creo que todas las personas querríamos poder amar la vida de esa manera. Querríamos comprenderla y sentirla parte nuestra. Vivirla en sus múltiples sentidos. Pero también creo que eso no es fácil, y que es algo que se aprende.
Aprendemos a asombrarnos y aceptar que los porqués del mundo no tienen un fin en si mismos. Pero queremos saber. Supongo que eso es amar la vida. Querer comprender sus cómos y sus porqués.
Un beso! Me encanta como escribes :)
El hecho de querer conocerla, significa que la amamos, toda ella. Es un honor que comentes en mi blog, hermana.
Te quiero, y espero que siempre estés orgullosa de mi
Un beso Cyn
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