Has entrado
y el portazo ha hecho retumbar
los cristales nerviosamente.
Repiqueteando mi alma
intenta hacer oídos sordos
a la agitación intrusa
que traes por ropa esta tarde.
No te reconozco
tras esa máscara
que parece tan tuya,
diciendo si soy tal o cual cosa,
si no piensas que sea yo
te podría hacer la misma pregunta.
¿Quién eres?
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