
Agujereando el cielo...
ya es un pozo
¿qué más quieres?,
hemos agujereádole el alma,
ahora ya no es nadie
a los ojos de Dios.
Le hemos puesto en el vestido
cientos de falsos ojos, vacíos,
llámeselos nada
¿acaso tienen algún nombre?;
le hemos cargado a la espalda
agujeros que tragan la luz,
-termitas de luz-.
El cielo nos odia,
eso es seguro,
hemos hecho pedazos
su contínuo vagaje,
hemos arañado su imagen
y no tiene dónde morir.
¡Hagámosle una tumba
aunque no tenga ya alma!,
¡guardemos su cuerpo del alba, del sol!,
la culpa es nuestra, amigo mío,
nosotros, que vamos haciendo jirones,
uno bien, otro mejor...
Agujereando...
ya no queda cielo esta noche,
hemos destrozado sus astros,
hemos ofendido a sus dioses
y vuelto blando su orgullo,
¡miremos qué pequeño se ha quedado!.
Tenémosle aquí tú y yo,
a ese cielo
que se ha vuelto tan tímido de repente,
lo tenemos enfrente sin su gloria,
los ángeles de Dios no le quieren cantar.
¡Hagámosle una tumba
a este ser tan enmudecido y tan desnudo!,
perdamos el juicio
¡dejemos de jugar!,
le hemos cargado a la espalda
agujeros que se tragan la luz
-termitas de luz-.
Llamémosle pues
Finito Cielo,
Cielo Irrisorio,
pero...ayudémosle,
¡hagámosle una tumba!
sino, ¿dónde se va a quedar?
¿dónde muere?
¿en qué lugar?.
1 comentario:
Una vez enseñé a alguien a dibujar con la punta de los dedos las constelaciones que creamos con nuestra imaginación. Todas las noches aprendía una nueva y luego la dibujaba en la arena de sus recuerdos. Pero ya no le enseño ahora nada porque nada es lo que ha dejado tras de sí. Ya no miro al cielo por las noches. Yo no puedo ayudarlo en su dolor. No me atrevo.
Bicos
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