No son los ojos
es la mirada,
¡saltáseme el cielo mismo
que yo no me inmuto!
-si te miro-
el tiempo se hace
más corto en el camino
de tus ojos a mis ojos.
Todo pasa y nada queda
más que tú;
el tiempo corre,
los días se amontonan
a nuestras espaldas
en momentos ya pasados;
sólo tú,
sólo tú y esa mirada que me mira
os habeis quedado aquí conmigo
a disfrutar de la vida y sus placeres.
Así, mirándonos con este brillo,
¿qué envidiar
...qué mejor desear?.
No me asusta ya nada la vida,
¿sabes?
todo me promete calor
todo me infunde alegría;
tú me dices
-yo estoy contigo-
y desde entonces
empiezo a estar también conmigo misma.
Tu mirada
es el ancla que busco;
se abre el mar
y el viento nos invita,
todo sopla a favor
-vayamos pues-
adelante y un poco más
a descubrir del mundo
aquello escondido
que pocos han visto.
Así como tú me miras
así como gusto de perderme en ti
y en tu mirar,
...todo pasa
...todo sigue,
pero tú y yo nos hemos quedado.
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