
El poeta escribió,
y su palabra
se volvió pequeña.
Su pulso tiembla
como si,
pero es el miedo al desnudo
lo que reluce su palabra
en el blanco.
El poeta
se ha vaciado completamente
en medio de la oscuridad más penetrante
ya casi ni se puede ver a sí mismo.
El poeta
despojándose de sus ansias
escribe palabras
que no le llenan los ojos
-luceros de algo más.
Tiembla el pulso
inseguro
como si fueran sus primeras,
las primeras que arranca de sí.
Se deshace ciegamente
en un tormento incomprensible
que poco le dice.
Olvidó la poesía.
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