
No es el mundo que me viste imprevistamente mis impresiones porcelana.
Esta fuerza, vuelta mía, es real. Cambia todas aquellas cosas a las que yo no tengo acceso. Por tratarse de sucesos azarosos, propios del ansia de la vida, ocurren sobre todas las vistas sin ser detenidos.
Pero esta mañana tengo una nueva mirada. Puedo con ella sostener el cielo mismo, grisamente presentado por mi cubierta en este día; volverlo pintado nubes rosas como si nunca y realmente nunca.
No es el mundo que me atrae al fin a un acercamiento enamorado. La belleza estaba oculta para mí cual noche infinitamente desarrollada.
Crecía sin un deseo ardoroso, queriendo embellecer las piedras por molestas a una mirada que se había vuelto sensible.
Pero con ella puedo ahora y en todos los ahora futuros afrontar las realidades variopintas empeñadas. Soy capaz de deshacer los nudos, rencores en mi alma, bailar con la calma con la que quiero bailar.
Me siento parte integrante de las cosas, en esta danza vuelta yo misma ni mis piernas siento teniendo estas ansias tan crecidas. Me devoro la boca, mis palabras antes de dichas fueron sentidas si cabe por tantos apetitos que ahora me circundan.
Necesito un poco más. Gritar un grito interminable que me vacíe el espíritu hasta el vacío. Comprimirme falta de aire, quietamente al borde del mundo, cruzaré sobre la fina línea con el corazón que siempre me acompaña. Arriesgarme la suerte a la muerte yo quiero tentarla. Poseedora de esta fuerza vuelta mía, sentir desde ahora las mil realidades que me ofrezca la vida.
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