Unida a tu baile por ti sólo,
absorbida por el mismo ritmo que suena,
estamos danzando la melodía
-concreta melodía-
aquella amada
que era un nudo complicado
que ahora de deshace dulce y poderoso.
Porqué no estirar más ansias
ahora que se anclan firmes
a nuestros dedos,
convertidos a nostálgicos;
cubrirnos en la noche oscura
a espaldas del mundo y sus quehaceres,
entretenidos en contar los lunares
que todavía brillan en el firmamento
de nuestras pieles blanquecinas
sin sol esta noche.
Podemos cerrar los ojos,
notar acercándose
en instinto obligado,
-la blandura-,
y nos encontramos descubiertos,
faltos de toda brevedad,
como si nos faltaran
las cuatro esquinas de la cama
y fuéramos incontenibles.
Unida a tu baile por ti sólo
hemos desdoblado ya el sentido;
recapitulamos una vez y otra
las envolturas corporales
las pieles animales
erizadas por los roces indecisos.
Bailamos, interiorizada el alma,
con la calma apropiada
para dos amantes,
quién amara antes
o haber amado pudiera
bailando de esta manera
este mismo ahora
que ya no vuelve.
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