jueves, 3 de diciembre de 2009

ReflExiONes InqUieTaS


Estoy adentrándome (sucesivas capas atmosféricas más abajo) en el increíble y desconocido mundo del Universo.
Es paralizante darse realmente cuenta de la infinidad de volúmenes, densidades, temperaturas y velocidades que pueden llegar a acaecer.
Todo se vuelve hasta incomprensible, casi ilógico, y me cuesta hacerme una idea de la siquiera posible existencia de tales condiciones.
Mi condición es desconocida en parte, asimismo, pero no me impresiona tanto. ¿Quizás porque forma parte de mí?, ¿quizás porque la siento más verdaderamente posible pudiéndiola tocar, pudiéndola oler, ver, saborear y escuchándome?.
Puede ser.
De todas maneras no es justo.
Debería de resultar la misma sorpresa, tanto de lo grande como de lo pequeño. Tanto de lo cercano como de lo que nos queda lejos.
Pensar sin embargo que el universo se está expandiendo...¿sobre qué? sobre la nada misma. Me es inconcebible semejante suceso. Pero por ello soy consciente de que, que yo no entienda una cosa, o que ninguna persona la entienda, no significa que no exista, que no sea. Por tanto me impresiono. Quizá me impresione de mi impresión, acostumbrados como estamos (y mal acostumbrados, por cierto) a querer entenderlo todo, y en último término, a haber conseguido conocer gran parte de las respuestas a las preguntas que nos llevamos haciendo siempre del mundo. Pero no siempre tiene que ser así.
Así pues, decir que estoy despertando mi mente pequeña del letargo de la rutina, de la absurda y caprichosa necesidad que tenemos los seres humanos de cuantificar todo lo que nos rodea.
Al final tanto lo grande como lo pequeño, lo sólido como lo líquido y gaseoso, lo vivo y lo inerte..., están formados por energía. Nosotros somos energía. La mesa es energía. La luz del sol es energía. El movimiento es energía.
Y yendo más lejos, el pensamiento también es energía...
Hasta estas teclas con las que escribo ahora mismo son y funcionan con energía (¿no sería más correcto, y suficiente, decir simplemente que SON energía?, ¿no engloba ya EL SER por sí sólo todas las propiedades inimaginables?

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