
El cielo arremolina vientos grises;
me encojo,
ya no soy,
ya no existo.
Esta calma
que viene para irse
es venida de lejos;
surca los viejos tejados,
y colándose por mi ventana
intenta acercarse,
sé bien lo que dice,
la escucho atentamente.
Es esta noche,
por eso ha venido,
¿pero querré seguirla a ella,
vagabunda, la más bohemia?,
el frío tambièn convive
con sus extraños van que no vuelven,
con sus querer marchar siempre lejos.
¿Y si me acostumbro más tarde
a una vida errante?,
¿y si no vuelvo a echar de menos
esta casa, esta inquietud?,
el frío también será mi amigo,
callado y sincero por siempre;
pero, ¿y si no vuelvo?
¿y si me voy...demasiado lejos?.
El cielo arrremolina vientos grises;
me encojo,
ya no soy, ya no existo.
Quieta, estaré muy quieta,
como si muerta o dormida,
como una niña cansada
o mujer a la espera;
no existo,
no existo,
ya no.
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