La soledad, Peter, la soledad. La soledad pegajosa vuelve a estar presente otra vez, ésa de la que te he hablado a menudo, que se pega a mi almohada para no dejarme dormir; la que me hace callar cuando tengo demasiadas cosas que decir, e intenta hacerme creer que no hay palabras lo suficientemente válidas para mí. Ésa, Peter, ésa y no otra.
Y no te nombro, porque quizás con ello se vaya la esencia que te caracteriza y dejes de ser el que eres. Y porque yo no sería la misma sin ti, no podría serlo.
Por eso y por tantas cosas, Peter, que haría que cambiase mi visión del mundo y pasase a ser alguien común, sin esas inquietudes que pocos, como tú y como yo valoramos.
No creo que haya peor castigo que ése: el de vivir una vida con la absurdidad propia de los que no esperan nada grande de ella, de los que no buscan nada grande en ellos mismos. ¿Qué es lo que buscan entonces? si lo maravilloso de la vida consiste en descubrirla, en desvestirla poco a poco, como se desvestían antes a las novias en la noche de bodas, con ese cariño y esa emoción, mezcla de infantilismo y agresividad irremediable. ¿Qué es lo que pretenden descubrir en sus casas rígidas, en sus horarios casi sagrados?, ¿no encontrarán acaso que con ello están matando a la vida misma?, ¿no se sentirán un poco asesinos?.
Para algunos, Peter, eres Dios; para otros eres inspiración; y hasta ahy quien piensa que eres producto de la imaginación humana, y que sirves para endulzar, Peter, como se endulzan las cosas agrias como la vida y el vivir.
Pero yo no te nombro. ¡Que mi mayor miedo tenga compasión de mí!. Mi boca se abre y se cierra, como si solo quisera jugar a moverse, como si la vida fuese tan sólo actividad.
Pero mi alma aún se resigna, ¡y cómo se resigna!. Aunque me falten palabras para explicarlo al mundo, no estoy loca, no busco utopías ni construyo castillos en el cielo. Al contrario, sé bien lo que me digo, y dedicaré a ello todo el resto de mi vida.
Tú resides en este humo de incienso que avanza recto hacia arriba sin mezclarse con el aire colindante; resides en los ojos vidriosos de mi padre cuando piensa callado algo que sólo deben saber las ventanas, o lo que hay detrás de ellas; resides en esta ilusión que conservo lo más naturalmente posible por llegar a convertirme algún día en la mujer que siempre he querido ser, fértil en todos los sentidos; y cuando río, lo hago sabiendo que tú estás impreso en esa felicidad que me alegra el momento, y que, en tus brazos invisibles, aunque nunca tenga la certeza absoluta, me mantienes a salvo. Pues tú, que mantienes en orden y en desorden las cosas, que me ordenas y me desordenas a mí, y no me dejas descansar, no me dejarás caer.
No podría decirte si eres Dios, o si eres el resultado desesperado por encontrarle sentido a la vida. Sólo sé que eres algo necesario, demasiado extenso y demasiado concreto como para ser concebido. Y sin embargo, te concibo aquí en el corazón, y es por eso que sé que tú existes.
Quizá sea mejor así, porque si te asigno una esencia, mi mente humana, torpemente te delimitará a un cierto número de atributos y funciones, y tú eres grande y pequeño, pero no mediano, Peter, ...no mediano.
De seguro me rodeas en este momento, y ¿sabes? tengo la teoría de que tú eres el pilar de las cosas, que eres niño y sabio a tu manera, y que te podemos encontrar en todas partes...
Yo sólo soy una pieza más de este engranaje que requiere ser engrasada. Y quiero engrasarme, pero no sólo el cuerpo, sino también cada rincón de este corazón mío. Como si me estuvieras bautizando. Y acelerar y disminuír la marcha con la vida como debe de ser, porque siempre voy demasiado rápido.
Yo te pido tiempo, tiempo para pensar, para admirar, para perdonarme y continuar, para coger fuerzas, para sopesar los sucesos por lo que son y no por lo que dicen que son.
Me abandono a ti, que posees toda esa magia de la que yo carezco y que no se puede aprender en los libros; y créeme que he leído, que te he buscado.
He llegado a la conclusión de que lo mejor que me has enseñado hasta ahora, lo has hecho en silencio. ¿Será verdad que mi silenciosa soledad es instructiva a su vez?. Siendo así, me acojo a tu doctrina, porque, cuando no se sabe..., ¿no es mejor callar?.
No hay comentarios:
Publicar un comentario