Cayendo como caen los ratos
convertidos en marcha y sin descanso,
reducimos
a poco nos saben las miradas
que se encuentran aún ahora por sorpresa.
Orando va habiendo un camino lentamente
si vemos surtir efecto de nuestras manos
acercándose inciertas a un placer tan conocido.
Hay un hueco nunca lleno
que nos deja siguiéndonos
-ahora que de repente nos hemos vuelto ansiosos-;
esta situación, hecha tan formal y tan tranquila
nos está rompiendo los esquemas poco a poco.
Nosotros tenemos conjuntamente
ahora este momento
y lo dejamos quietamente a la vista
persiguiendo el primer desliz;
quizás se resbale y caiga al suelo
cuando creamos que todo seguirá siendo tranquilo.
El tiempo corre
y a pedazos se desarma el atrevimiento
quedando entonces a la suerte echada
de nuestras miradas encontradas una y otra vez.
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