Tengo una existencia rara. Nadie lo sabe, pero es verdad. Es un secreto a voces muy mal guardado que la gente aún no ha entendido. Aún no son capaces. Aunque no les culpo. Existir pesa demasiado, a mí me pesa..., son muchos miedos que nos acompañan a diario. Yo, por ejemplo, tengo un cierto miedo a la soledad. Es curioso esto: el miedo a la soledad, ¿verdad? cuando nuestros miedos más numerosos proceden de la compañía. Pues así es. Eso es lo que me lleva a escribir, a escribiros; es el contacto directo con el teclado, es la formación de palabras, la expulsión de los sentimientos que me invaden.
Aunque, ahora que lo pienso, ¿escribir es suficiente?, ¿hasta qué punto podrán hacerme compañía unas líneas?, no, no soy nada sin los otros, mis líneas sólo son caminos que intentan ser rectos, que intentan llegar a tiempo donde quiera que se encuentre la verdad de todo. Mis líneas se han empeñado en ser rectas, por eso no os puedo transmitir tanto como quisiera, ¡mis ideas, mis sentimientos son tan desordenados!...
Mis líneas son complejos rectos, son ideas tercas, son y no son parte de mí.
Mis líneas son gritos y son silencios.
Mis líneas son palabras artificiales queriendo decir cosas profundas.
Mis líneas son salvación y son un infierno (me salvo en sus ideas y me encierro en sus palabras).
Mis líneas son todas diferentes y todas quieren decir lo mismo.
Mis líneas son rectas.
Mis líneas no quieren ser curvas.
Mis líneas se han olvidado de mí.
Yo sólo
intento que
mis líneas
deseen ser curvas
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